Jiří Trnka, algo más que el Walt Disney europeo o el olvido de un giganteJiří Trnka, més que el Walt Disney europeu o l’oblit d’un gegant

Por Simón Abraham Stevenson*

En 1965 la filmoteca nacional española editó un delicioso librito dedicado al animador checoslovaco Jiří Trnka. En él, Carlos Fernández Cuenca, sintetizó la vida y obra del director de Bohemia haciendo hincapié en dos puntos, a mi entender importantes: en primer lugar que Jiří Trnka, dentro del panorama internacional, había sido y aún se le consideraba, no sólo la alternativa europea al cine de Disney, sino que además era el único director de animación capaz de batirse con el gigante estadounidense. En segundo lugar, se lamentaba Fernández Cuenca del poco o nulo conocimiento que sobre Trnka había en nuestro país. De todo aquello ha trascurrido casi medio siglo y el ninguneo sigue devorando la figura de uno de los más grandes animadores de todos los tiempos.

Hoy día en España si uno quiere conseguir de forma lícita alguno de los largometrajes de Jiří Trnka, simplemente no le será posible. Aquel que fue equiparado al Disney de la edad dorada, quien fuera galardonado en los festivales más prestigiosos del mundo, incluida la primera edición de Cannes, quien ha dejado como testamento fílmico “La Mano”, una de las cumbres indiscutibles de toda la animación del siglo XX, ese mismo, es en nuestro país y fuera de los círculos más especializados un absoluto desconocido.

Ante disyuntivas de este calado uno se pregunta para qué ha de servir el ser considerado en vida un gigante artístico cuando, tras la venida de la parca, todo logro parece quedar en agua de borrajas. Ni siquiera a través de You Tube (a día de hoy) se puede hallar alguna de sus monumentales joyas, y menos aún subtituladas en castellano. Jiří Trnka sigue apareciendo en los manuales especializados como uno de los más grandes o el mayor animador de muñecos de todos los tiempos, y de él apenas es posible encontrar nada. No así en otros países, como Japón, donde aún hoy es reverenciado como el genio que fue, sin embargo aquí… Ya sabemos. Pero ya basta de lamentarse (al hablar del olvidado Trnka me encolerizo fácilmente) y pasemos a cosas más pragmáticas.

Jiří Trnka (léase Iryi Trinka) nació en la cervecera ciudad de Pilsen en 1912. En un principio optó por la pintura, de ahí pasó al diseño de escenografías teatrales, para terminar su periplo, llamémosle “estático”, ejerciendo de ilustrador de libros y muy especialmente para cuentos infantiles. De este periodo es aún muy recordado por su trabajo gráfico para la obra del escritor Josef Menzel, el celebérrimo Osito Misha (y no, no es esta la mascota animada de las olimpiadas de Moscú 1980).

Al término de la segunda guerra mundial, Trnka ya es un célebre ilustrador, tanto es así que hoy en día se le sigue considerando uno de los más importantes de su país. En 1945 El Osito Misha (Mísa Kulicka) es llevado a la pantalla por los directores Karel Borach y Eduard Hofman, utilizando de modelo las ilustraciones que Trnka había realizado para dicho cuento. Es entonces cuando Trnka empieza a interesarse por la animación.

En un primer momento su atención se centra en el cartoon clásico. Ya desde sus primeros cortometrajes su factura y sello personal resultaron sobresalientes, a la par de su gran capacidad de trabajo e imaginación. De aquel periodo, en el que se incluyen films cortos como “El abuelo sembró una remolacha” (Zasadil dedek repu), “El regalo” (Darek), “Los animales y los bandidos” (Zviratka a petrovsti) y “La zorra y el cántaro” (Liska a dzban), quisiera destacar “El saltarín y las SS” (Perak a SS). Este, que fue su único film en blanco y negro, es una sátira divertida e igualmente preocupante de lo que fue la ocupación de la ciudad de Praga. En la capital checa un deshollinador convertido en héroe con muelles en los pies se bate contra las fuerzas de ocupación alemanas y los delatores patrios. Una curiosísima pieza histórica que sigue conservando buena parte de su poder crítico y liberador, sin renunciar por ello a dibujarnos una sonrisa.

A partir de 1947 Trnka se embarcará en proyectos de mayor calado. Ese mismo año estrena su primer largometraje, “El año checo” (Spalicek),  con el que abandonó el cartoon para introducirse en la animación de muñecos de madera, especialidad que lo encumbraría a los altares del arte animado. “El año checo” es una conjunción de cuentos populares o estampas campesinas tradicionales de Bohemia. Este film fue galardonado con multitud de premios, entre ellos la medalla de honor en Venecia. Aunque Trnka ya había ganado en Cannes un año antes con su cortometraje “Los animales y los bandidos” (film que se equiparó a “Blancanieves y los siete enanitos” de Disney). Fue a partir del “El año checo” cuando Trnka comenzó a forjarse su merecida fama mundial.

Sus siguientes largometrajes no harán más que ratificar los éxitos primeros. Films como “El ruiseñor del emperador” (Cisaruv slavik), basada en la obra homónima de Hans Christian Andersen y ambientada en una china fantástica, o “El príncipe Baraja” (Baraja), basada en los cuentos de Božena Němcová, recogieron numerosos galardones de importancia.

Sus cortometrajes de aquel periodo entre los años 40 y 50 fueron igualmente aclamados: “El molino del viejo” (Certuv mlyn), “Historia de un contrabajo” (Roman s basou) y, en especial, “La canción de la pradera” (Arie prerie). Este último es una divertidísima parodia del Western Hollywoodiense cuajadito de gags musicales difíciles de olvidar.

Durante los años 1951 y 1952 Trnka experimenta con otras formas de animación como el dibujo estático a base de pinturas de pastel con su corto “El pececito dorado” (O zlate rybce), o con la animación de recortes como “El circo alegre” (Vesely circus), entre otras. Personalmente considero estas obras de carácter menor dentro de su producción. Por suerte el maestro checo volvió a la animación de muñecos en 1953 con su largometraje “Viejas leyendas checas” (Stare povesti ceske). Con este film, en el que se narran diversos episodios de la historia un tanto fantaseada de la antigua Bohemia (actual Chequia), Trnka dio un paso más allá, demostrando su excepcional maestría, que fue nuevamente reconocida con multitud de premios a lo largo de Europa y América.

“Viejas leyendas checas” inicia un nuevo periodo en la carrera de Jiří Trnka. Por entonces era aclamado mundialmente, pero esto, lejos de adocenarle, le llevó a seguir superándose película tras película. Es en este periodo que se inicia a mediados de los 50 y concluye en 1966, el año de su muerte, donde se hallan la mayor parte de sus grandes obras maestras. Su ritmo de producción comenzó a ralentizarse, inversamente proporcional a la cada vez mayor calidad y resolución de sus trabajos. Trnka estaba alcanzando la madurez plena.

Dentro de sus cortometrajes de entonces quisiera destacar, entre otros, “Los dos carámbanos” (Dva mrazici), historia de ambiente invernal en el que Trnka aunó varios métodos de animación para crear este divertido cuento en el que una pareja de carámbanos bromistas, identificables con el espíritu del invierno, se apuestan fastidiar a dos leñadores.

Del mismo año 1954 es “Una copita de más” (o sklenicku). Este prodigioso cortometraje narra el viaje en motocicleta de un joven al que le espera su novia en la ciudad de Pilsen. En el camino se topa con diversos personajes, un paisaje delicadamente vivo y la celebración de una boda. El joven motorista, rindiéndose a los placeres mundanos, acepta las invitaciones de alcohol que se le ofrecen que poco a poco irán mermando la sobriedad que le sustenta. Bebido y llevado por la euforia de la velocidad, el motorista va poniendo su vida en riesgo, hasta que al fin… Este es sin duda uno de los grandes trabajos de Trnka. Nuestro director ha abandonado por completo la temática infantil para adentrarse en la denuncia social. Poco a poco Trnka comenzará a impregnar su obra de un pesimismo creciente, como nos indica Giannalberto Bendazzi en su obra “Cartoons, 110 años de cine de animación” haciendo referencia a las últimas obras del director, a medida que este se iba aproximando al fin de sus días.

El siguiente largometraje del director checo “El bravo soldado Sveik” (Diobry vojak Svejk) es una adaptación un tanto imperfecta de la famosa obra del escritor Jaroslav Hašek. A partir de este film Trnka comienza a delegar funciones en la mayoría de los cortometrajes en los que se embarca, o simplemente prefiere detentar posiciones más discretas, renunciando a la dirección y guión de muchos trabajos. De este periodo de finales de los años 50 abundan las obras para la televisión. Algunas de ellas son concebidas como un producto no meramente infantil o juvenil como es el caso de la saga de los husitas iniciada con el film “Jan Hus” del director Otakar Vávra. De esta época también son varios los documentales que se filmaron sobre el maestro de Pilsen, véase: “Los muñecos de Jiří Trnka” (Loutky jiriho Trnky) o “Los hermanos Malla” (Brati v Triku).

Trnka durante algunos años fue pasando discretamente por la obra de otros, ayudando a muchos de los que habían sido sus colaboradores, diluyéndose su gloria, hasta que en 1959 volvió a tomar posesión de su trono con “El sueño de una noche de verano” (Sen noci svatojanské). El que fuera su último largometraje es, a mi entender, no solamente una de las grandes obras maestras de la animación mundial, sino que además, y en esto coincidimos muchos, es posiblemente la mejor adaptación al cine que jamás se haya hecho de esta obra. Quizás hasta el reverenciado Shakespeare se hubiera sentido orgulloso. Trnka no se limitó a hacer una adaptación más que correcta, reinventó la poesía del texto isabelino, insuflándole nueva vida, delicadeza y magia, y todo con unos escenarios y personajes de madera que en otras manos habrían sido simplemente muñecos. Únicamente el personaje de Puck se me antoja excesivamente delicado, no más que un pequeño engranaje desacompasado en una maquinaria perfecta. Dejando de lado alabanzas, cumplidos y objeciones, no me queda más que invitar a ver esta película, si es que consiguen encontrarla completa, o al menos con subtítulos en castellano. Suerte.

Muchos pudieron pensar que aquí acababa la carrera de Trnka, y aunque fueron pocos los años que le quedaban de vida, y aún más escasa sería su obra desde la adaptación de Shakespeare, el verdadero canto del cisne todavía estaba por llegar.

La pesadumbre dominó el último lustro de su existencia. Sus tres últimos cortometrajes, bajo su estética infantil, escondían una desazón profunda. El genio se sentía enfermo y preocupado por el futuro incierto de sus semejantes. “La pasión” (Vasen) de 1961 desarrolla, a través de pequeñas escenas, una crítica mordaz a la velocidad de la vida moderna que nunca puede terminar bien. En el mediometraje “La abuelita cibernética” (kyberneticka babicka) de 1962 realiza Trnka una entrañable parábola advirtiéndonos de los peligros del progreso y la tecnología desmedida. Y en 1965 Trnka culmina su última obra, “La mano” (Ruka), a mi entender, el verdadero canto de cisne que debía llegar.

“La mano” no es meramente el testamento fílmico de este gran maestro, sino que es además uno de los más sencillos y estremecedores alegatos a favor de la libertad de expresión, y todo perfectamente entendible para un niño. Este fue mi primer contacto con Trnka, y aún hoy sigue siendo la obra del autor checo que más me ha impactado, y que al volver a ver, o al recordar, me sigue sobrecogiendo. Vi por primera vez “La mano” cuando no era no más que un chiquillo, de forma casual, como suelen ser los grandes encuentros de nuestra vida. Creo que fue por la televisión, esa televisión de dos canales de muchísima más calidad que nuestra actual pléyade de cadenas. En un principio uno no entiende muy bien de qué trata el asunto del cortometraje: un muñeco vestido de arlequín tiene por hobby hacer macetas de barro para las plantitas que cultiva con tesón. Todo muy naïf hasta que, de repente, alguien llama a la puerta y, tras esta, una mano enguantada, encarnación misma de la oligarquía y la opresión, ha decidido que nuestro arlequín protagonista va a dejar de tener la vida libre que ha tenido hasta entonces. Tras la muerte de Trnka, poco después de la finalización de este corto, los líderes comunistas de Checoslovaquia creyeron ver en esta obra una crítica al fascismo.Después consideraron que dicha crítica era extensible a su propio régimen. Al final, la obra del maestro fue prohibida y censurada. Trnka, el que había sido uno de los hijos predilectos del régimen y del país, era tachado de anticomunista, pero personalmente creo que se equivocaban. Trnka, con su inmensa sensibilidad, no creo que fuera ni pro ni contra comunista, su humanismo debió ser demasiado grande como para poder encuadrarlo o desencuadrarlo en una idea política concreta. Aquel tipo de gran envergadura, con profuso bigote, mirada osca, cuando no taciturna, fumador empedernido y auténtico vivificador de marionetas, debió ser un alma demasiado sensible para el mundo que le tocó vivir, y para ese mundo venidero que temía. No creo que en ningún momento el gran maestro fuera de una facción u otra, y si debía adscribirse a alguna en concreto, creo que simplemente sería de la facción humana, quizás la facción de los niños a los que sirvió toda su vida, tan diligentemente.

Gracias Trnka, allá donde estés, con tus eternos cigarrillos y tus manos prodigiosas. Gracias por hacernos ver que Walt Disney no era todo lo que había que ver.



*Simón Abraham Stevenson es poeta, librero, editor e instigador cultural.Per Simón Abraham Stevenson*

El 1965 la filmoteca nacional espanyola va editar un deliciós llibret dedicat a l’animador txec Jiří Trnka. En ell, Carlos Fernández Conca, sintetitzar la vida i obra del director de Bohèmia posant l’accent en dos punts, al meu entendre importants: en primer lloc que Jiří Trnka, dins del panorama internacional, havia estat i encara se’l considerava, no només la alternativa europea al cinema de Disney, sinó que a més era l’únic director d’animació capaç de batre amb el gegant nord-americà. En segon lloc, es lamentava Fernández Conca del poc o nul coneixement que sobre Trnka havia al nostre país. De tot allò ha transcorregut gairebé mig segle i el menyspreu segueix devorant la figura d’un dels més grans animadors de tots els temps.

Avui dia a Espanya si un vol aconseguir de forma lícita algun dels llargmetratges de Jiří Trnka, simplement no li serà possible. Aquell que va ser equiparat al Disney de l’edat daurada, que va ser guardonat en els festivals més prestigiosos del món, inclosa la primera edició de Cannes, que ha deixat com a testament fílmic “La Mà”, un dels cims indiscutibles de tota l’animació del segle XX, aquest mateix, és en el nostre país i fora dels cercles més especialitzats un absolut desconegut.

Davant disjuntives d’aquest calat un es pregunta per què ha de servir el ser considerat en vida un gegant artístic quan, després de la vinguda de la parca, tot assoliment sembla quedar en foc d’encenalls. Ni tan sols a través de You Tube (a dia d’avui) es pot trobar alguna de les seves monumentals joies, i menys encara subtitulades en castellà. Jiří Trnka segueix apareixent en els manuals especialitzats com un dels més grans o el major animador de ninots de tots els temps, i d’ell amb prou feines és possible trobar res. No així en altres països, com el Japó, on encara avui és reverenciat com el geni que va ser, però aquí… Ja sabem. Però ja n’hi ha prou de lamentar (en parlar de l’oblidat Trnka em va fer enfadar fàcilment) i passem a coses més pragmàtiques.

Jiří Trnka (llegiu Iryi Trinka) va néixer a la cervesera ciutat de Pilsen en 1912. Al principi va optar per la pintura, d’aquí va passar al disseny d’escenografies teatrals, per acabar el seu periple, diguem “estàtic”, exercint d’il·lustrador de llibres i molt especialment per a contes infantils. D’aquest període és encara molt recordat pel seu treball gràfic per a l’obra de l’escriptor Josef Menzel, el celebèrrim Osito Misha (i no, no és aquesta la mascota animada de les olimpíades de Moscou 1980).

Al final de la segona guerra mundial, Trnka ja és un cèlebre il·lustrador, tant és així que avui dia se li segueix considerant un dels més importants del seu país. En 1945 L’Osito Misha (Missa Kulicka) és portat a la pantalla pels directors Karel Borach i Eduard Hofman, utilitzant de model les il·lustracions que Trnka havia realitzat per a aquest conte. És llavors quan Trnka comença a interessar-se per l’animació.

En un primer moment la seva atenció se centra en el cartoon clàssic. Ja des dels seus primers curtmetratges seva factura i segell personal resultar excel·lents, a l’una de la seva gran capacitat de treball i imaginació. D’aquell període, en el qual s’inclouen films curts com “L’avi va sembrar una remolatxa” (Zasadil Dedek repu), “El regal” (Darek), “Els animals i els bandits” (Zviratka a petrovsti) i “La guineu i el càntir “(Liska a dzban), voldria destacar” El saltador i les SS “(Perak a SS). Aquest, que va ser el seu únic film en blanc i negre, és una sàtira divertida al mateix temps que preocupant del que va ser l’ocupació de la ciutat de Praga. A la capital txeca un escura-xemeneies convertit en heroi amb molles als peus es bat contra les forces d’ocupació alemanyes i els delators patris. Una curiosíssima peça històrica que segueix conservant bona part del seu poder crític i alliberador, sense renunciar per això a dibuixar-nos un somriure.

A partir de 1947 Trnka s’embarcarà en projectes de més envergadura. Aquest mateix any estrena el seu primer llargmetratge, “L’any txec” (Spalicek), amb el qual va abandonar el cartoon per introduir-se en l’animació de ninots de fusta, especialitat que el encastellaria als altars de l’art animat. “L’any txec” és una conjunció de contes populars o estampes camperoles tradicionals de Bohèmia. Aquest film va ser guardonat amb multitud de premis, entre ells la medalla d’honor a Venècia. Encara Trnka ja havia guanyat a Cannes un any abans amb el seu curtmetratge “Els animals i els bandits” (film que es va equiparar a “Blancanieves i els set nans” de Disney). Va ser a partir del “L’any txec” quan Trnka va començar a forjar-se la seva merescuda fama mundial.

Els seus següents llargmetratges no faran més que ratificar els èxits primers. Films com “El rossinyol de l’emperador” (Cisaruv slavik), basada en l’obra homònima de Hans Christian Andersen i ambientada en una xinesa fantàstica, o “El príncep Baralla” (Baralla), basada en els contes de Božena Němcová, van recollir nombrosos guardons d’importància.

Els seus curtmetratges d’aquell període entre els anys 40 i 50 van ser igualment aclamats: “El molí del vell” (Čertŭv mlyn), “Història d’un contrabaix” (Roman s basou) i, especialment, “La cançó de la praderia” (Arie prerie). Aquest últim és una divertidíssima paròdia del Western Hollywoodiense cuajadito de gags musicals difícils d’oblidar.

Durant els anys 1951 i 1952 Trnka experimenta amb altres formes d’animació com el dibuix estàtic a base de pintures de pastís amb el seu curt “El peixet daurat” (O Zlate rybce), o amb l’animació de retallades com “El circ alegre” (Vesely circus), entre altres. Personalment considero aquestes obres de caràcter menor dins la seva producció. Per sort el mestre txec va tornar a l’animació de ninots en 1953 amb el seu llargmetratge “Velles llegendes txeques” (Stare povesti České). Amb aquest film, en què es narren diversos episodis de la història un tant fantasiada de l’antiga Bohèmia (actual Txèquia), Trnka va fer un pas més enllà, demostrant la seva excepcional mestratge, que va ser novament reconeguda amb multitud de premis al llarg de Europa i Amèrica.

“Velles llegendes txeques” inicia un nou període en la carrera d’Jiří Trnka. Per llavors era aclamat mundialment, però això, lluny de adocenarle, el va portar a continuar superant pel·lícula rere pel·lícula. És en aquest període que s’inicia a mitjans dels 50 i conclou el 1966, l’any de la seva mort, on es troben la major part de les seves grans obres mestres. El seu ritme de producció va començar a alentir-se, inversament proporcional a la cada vegada major qualitat i resolució dels seus treballs. Trnka estava aconseguint la maduresa plena.

Dins de les seves curtmetratges d’aleshores voldria destacar, entre altres, “Els dos caramells” (Dva mrazici), història d’ambient hivernal en què Trnka va unir diversos mètodes d’animació per crear aquest divertit conte en què una parella de caramells bromistes, identificables amb l’esperit de l’hivern, s’aposten fastiguejar a dos llenyataires.

Del mateix any 1954 és “Una copeta de més” (o sklenicku). Aquest prodigiós curtmetratge narra el viatge en motocicleta d’un jove al que li espera la seva nòvia a la ciutat de Pilsen. En el camí es topa amb diversos personatges, un paisatge delicadament viu i la celebració d’un casament. El jove motorista, rendint-se als plaers mundans, accepta les invitacions d’alcohol que se li ofereixen que poc a poc aniran minvant la sobrietat que el sustenta. Begut i portat per l’eufòria de la velocitat, el motorista va posant la seva vida en risc, fins que per fi… Aquest és sens dubte un dels grans treballs de Trnka. El nostre director ha abandonat per complet la temàtica infantil per endinsar-se en la denúncia social. A poc a poc Trnka començarà a impregnar la seva obra d’un pessimisme creixent, com ens indica Giannalberto Bendazzi en la seva obra “Cartoons, 110 anys de cinema d’animació” fent referència a les darreres obres del director, a mesura que aquest s’anava aproximant a la fi dels seus dies.

El següent llargmetratge del director txec “El brau soldat Sveik” (Diobry Vojak Svejk) és una adaptació una mica imperfecta de la famosa obra de l’escriptor Jaroslav Hašek. A partir d’aquest film Trnka comença a delegar funcions en la majoria dels curtmetratges en què s’embarca, o simplement prefereix detenir posicions més discretes, renunciant a la direcció i guió de molts treballs. D’aquest període de finals dels anys 50 abunden les obres per a la televisió. Algunes d’elles són concebudes com un producte no merament infantil o juvenil i altres com pel·lícules d’animació, com és el cas de la saga dels hussites iniciada amb el film “Jan Hus” del director Otakar Vávra.. D’aquesta època també són diversos els documentals que es van filmar sobre el mestre de Pilsen, vegeu: “Els ninots de Jiří Trnka” (Loutky Jiřího Trnky) o “Els germans Malla” (Brati v Triku).

Trnka durant alguns anys va ser passant discretament per l’obra d’altres, ajudant a molts dels que havien estat els seus col·laboradors, diluint la seva glòria, fins que el 1959 va tornar a prendre possessió del seu tron amb “El somni d’una nit d’estiu” (Sen noci svatojanské). El que va ser el seu últim llargmetratge és, al meu entendre, no només una de les grans obres mestres de l’animació mundial, sinó que a més, i en això coincidim molts, és possiblement la millor adaptació al cinema que mai s’hagi fet d’aquesta obra . Potser fins al reverenciat Shakespeare s’hagués sentit orgullós. Trnka no es va limitar a fer una adaptació més que correcta, reinventar la poesia del text isabelí, insuflant nova vida, delicadesa i màgia, i tot amb uns escenaris i personatges de fusta que en altres mans haurien estat simplement ninots. Únicament el personatge de Puck em sembla excessivament delicat, no més que un petit engranatge descompassat en una maquinària perfecta. Deixant de banda lloances, complerts i objeccions, no em queda més que convidar a veure aquesta pel·lícula, si és que aconsegueixen trobar completa, o almenys amb subtítols en castellà. Sort.

Molts van pensar que aquí acabava la carrera d’Trnka, i encara que van ser pocs els anys que li quedaven de vida, i encara més escassa seria la seva obra des de l’adaptació de Shakespeare, el veritable cant del cigne encara estava per arribar.

La recança va dominar l’últim lustre de la seva existència. Els seus tres últims curtmetratges, sota la seva estètica infantil, amagaven un neguit profunda. El geni es sentia malalt i preocupat pel futur incert dels seus semblants. “La passió” (Vasen) de 1961 desenvolupa, a través de petites escenes, una crítica mordaç a la velocitat de la vida moderna que mai no pot acabar bé. En el migmetratge “L’àvia cibernètica” (kyberneticka babicka) de 1962 realitza Trnka una entranyable paràbola advertint dels perills del progrés i la tecnologia desmesurada. I en 1965 Trnka culmina la seva darrera obra, “La mà” (Ruka), al meu entendre, el veritable cant de cigne que havia d’arribar.

“La mà” no és merament el testament fílmic d’aquest gran mestre, sinó que és a més un dels més senzills i esgarrifosos al·legats a favor de la llibertat d’expressió, i tot perfectament comprensible per a un nen. Aquest va ser el meu primer contacte amb Trnka, i encara avui segueix sent l’obra de l’autor txec que més m’ha impactat, i que en tornar a veure, o al recordar, em segueix esglaiant. Vaig veure per primera vegada “La mà” quan no era no més que un noi, de forma casual, com solen ser les grans trobades de la nostra vida. Crec que va ser per la televisió, aquesta televisió de dos canals de millor qualitat que la nostra actual plèiade de cadenes. Al principi un no entén molt bé de què tracta l’assumpte del curtmetratge: un ninot vestit d’arlequí té per hobby fer tests de fang per a les plantetes que conrea amb tenacitat. Tot molt naïf fins que, de sobte, algú truca a la porta i, després d’aquesta, una mà enguantada, encarnació mateixa de l’oligarquia i l’opressió, ha decidit que el nostre arlequí protagonista va a deixar de tenir la vida lliure que ha tingut fins llavors. Després de la mort de Trnka, poc després de la finalització d’aquest curt, els líders comunistes de Txecoslovàquia van creure veure en aquesta obra una crítica al fascismo.Después considerar que aquesta crítica era extensible al seu propi règim. Al final, l’obra del mestre va ser prohibida i censurada. Trnka, el que havia estat un dels fills predilectes del règim i del país, era titllat de anticomunista, però personalment crec que s’equivocaven. Trnka, amb la seva immensa sensibilitat, no crec que fos ni pro ni contra comunista, el seu humanisme va haver de ser massa gran com per poder enquadrar o desencuadrarlo en una idea política concreta. Aquell tipus de gran envergadura, amb profús bigoti, mirada osca, quan no taciturna, fumador empedreït i autèntic vivificador de titelles, va haver de ser una ànima massa sensible per al món que li va tocar viure, i per a aquest món futur que temia. No crec que en cap moment el gran mestre fora d’una facció o altra, i si havia adscriure a alguna en concret, crec que simplement seria de la facció humana, potser la facció dels nens als quals va servir tota la seva vida, tan diligentment.

Gràcies Trnka, allà on siguis, amb els teus eterns cigarrets i les teves mans prodigioses. Gràcies per fer-nos veure que Walt Disney no era tot el que calia veure.



*Simón Abraham Stevenson és poeta, llibreter, editor i instigador cultural.

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2 Responses to "Jiří Trnka, algo más que el Walt Disney europeo o el olvido de un giganteJiří Trnka, més que el Walt Disney europeu o l’oblit d’un gegant"

  1. daniela says:

    Gracias por el artículo, no conocía a este autor, me gustó mucho, buscaré sus obras.

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