Mujer mirando al mar

Mujer-mirando-al-mar, Ricardo Gómez editorial SM

Por Emma Castaño Sánchez*

¿De qué misterioso material está formado el cordón que mantiene una novela unida a la Realidad?

Un manuscrito encontrado en el Rastro, cartas, informes, un escritor en busca de su personaje, un viaje, un narrador, Galicia, Helena, la poesía.

Algunos lectores se preguntarán por qué un maestro elige una lectura para sus alumnos. A veces, como otros muchos sucesos de la vida, todo se debe a un azaroso tejido de circunstancias, que comienzan con la simple recomendación de una compañera:

Mujer mirando al mar, es una bonita novela, que les gusta.

Cuando uno ni recuerda que esa novela ha sido mencionada (como otros sucesos de la vida), la novela aparece en la estantería del departamento, y el maestro la lee.

Mujer mirando al mar enseña a los jóvenes lectores cómo se crea una novela, les enseña que esas historias que a veces les apasionan; y otras, les aburren; y otras, les enseñan o les descubren algo de sí mismos, están hechas de una materia prima informe, caótica, que el escritor va dando forma como un alfarero.

La novela les enseña que eso que llamamos Realidad es, a veces, inaccesible, y que está hecha de retazos de acontecimientos, algunos más ficticios que reales.

Les enseña la deuda que tenemos con los anónimos autores de la lírica tradicional, con las hermosas cantigas, con los trovadores, con esa novela-madre, generadora de Literatura, que es El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Mujer mirando al mar les enseña que eso que llaman Historia es más que un nombre de piedra en un manual de la mochila, y es algo construido a base de vida, de dolor, de injusticias, de seres cotidianos que aman y son juzgados, de vencedores y vencidos; y que esa Historia no tiene sentido hasta que uno de ellos pregunta en casa, habla con sus padres o abuelos, escucha historias, las guarda en la memoria, y, con el paso del tiempo, las juzga, formándose una opinión sobre ellas, que le permite pasar, a su vez, a formar parte de esa misma Historia, ahora con nombre de agua.

Mujer mirando al mar les recuerda el valor de una carta o postal (no es verdad que a los jóvenes ya no les interesan estas cosas, absorbidos por los ágiles correos electrónicos), les ayuda a crear historias a partir de géneros como el diario personal, a contar una historia de maneras diferentes, a estar cerca de los exiliados, de los perseguidos; a pensar en los malos y en los buenos, a dudar de las guerras de buenos y malos; a imaginar que los personajes de esta novela podrían ser cualquiera de sus abuelos, a valorar sus propios escritos en lo que merecen, el mérito de haber dado vida a unos personajes, que, a su vez, hablan de ellos mismos, y de otros seres humanos.

-Es rara. Al final, no se sabe lo que pasa.

-Elige tú. ¿Qué final prefieres?

-El feliz.

-Tú has construido la novela con el autor, al elegir ese final.

-Pero, al final, ¿qué pasa de verdad?

-No se sabe. Hay cosas que nadie sabe.

-Pues vaya.

(A mis alumnos y a mí nos gustaría dedicar nuestros trabajos y lecturas a Pablo y Helena. Cada uno de ellos ya les ha dado una historia más allá de la que esta novela ofrece.)

*Emma Castaño Sánchez es profesora de Lengua y Literatura y ha trabajado en diferentes institutos públicos de la Comunidad de Madrid.

Ficha técnica:

Mujer mirando al mar
Ricardo Gómez Gil
Editorial: SM
Colección: Gran Angular
Madrid, 2010
128 páginas
EAN: 9788467540796

Premio Gran Angular 2010

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